sábado, 7 de julio de 2007

Tres perros y una mierda

Nada más salir de la estación me encontré en medio de una gran avenida, con una pregunta sobre una calle por hacer y cuatro posibles objetivos móviles en forma de transeúntes viniendo hacia mí. Sin pararme un momento a reflexionar y cegado por la visión de un bulto informe, lleno de colores y de articulaciones desbocadas, me dirigí hacia él.
Enfocar de nuevo y hablar fue todo uno. Me encontraba ante una cabeza tricéfala, dirigida a duras penas por una mujer joven que no buscaba pasear sino que la pasearan. En el momento en el que empezó a contestarme, el caos que rige nuestro planeta decidió hacer una visita al punto donde me encontraba.
Uno de sus grandes perros, aunque yo siempre vi cabezas, se medio deshizo de la correa y con un salto se plantó donde yo estaba de tal manera que di un paso hacia atrás del susto. Noté que pisaba algo blando. La sensación fue como volverse a calzar un zapato encima de otro. Sí, era una señora mierda. Aunque yo estaba ya a cinco metros de la mujer, con una mierda colgando del zapato y entrenándome en el difícil arte de bailar con un perro, la conversación proseguía. Los otros dos perros, no sé si atraídos por el olor de la mierda o por lo bien que bailábamos quisieron también participar.
Reconozco que huí.

2 comentarios:

lf dijo...

Menos mal que fueron tres perros y una mierda, que si no ¡ni cómo huír!

lf dijo...

Que si hubiera sido al revés ¡ni cómo huír!