sábado, 21 de julio de 2007

Óxido

Aire y libertad, movimiento que nace sin esfuerzo, sin contacto. La bici se desliza entre un mar de terrazas rompiendo los sentidos en estallidos de aire que, muertos nada más nacer, pasean su atención entre hojas secas y los pliegues de mi ropa. Dormidos, fragmentados, esperan su momento.
Un golpe en el vacío me pone de nuevo en el centro del cuadro, que ansioso por volver a explicarme lo que es la vida, lleva a mi pie izquierdo a la fragilidad de estar solo y ser culpable. Inestabilidad, colores y fragmentos del manillar o del timbre pasan ante mis ojos como imágenes de una película muda que presenta hechos sin subtítulos.
Ya no siento el aire. Caigo. Soy materia. Hierros, sangre, asfalto rasgando mi piel y un par de gritos me reciben cuando caigo. Giro la cabeza. El tranvía tiene que frenar en seco, chirría todo en mis oídos. Ya solo veo óxido. Logra parar a tiempo.
El óxido seguirá ahí, esperándome.
Hasta que deje de ser materia.

2 comentarios:

lf dijo...

Me encanta la ambigüedad en el sujeto de la última oración. Sencillamente genial.

Reichtoffen dijo...

Javi, en el fondo siempre hemos sido unos ciclistas frustrados admiradores de Alex Zulle. Y eso al final tiene consecuencias muy perjudiciales.

En serio tío, está muy bien.