lunes, 8 de marzo de 2010

Gischt












Heute habe ich Jose angerufen. Kein Antwort. Vor zwei Tage habe ich Jose ein e-mail geschrieben. Kein Antwort auch. Keine Nachrichten von einem anderen Freund: Charlo.

Die Leute leben in verschiedenen Zeiten. Diese Zeiten sind wie Wellen. Jede Welle besorgt nur für ihre selbst und warte auf den Tod zu kommen. Das sind Wellen mit Türe: durchsichtige Türe aber du kannst selten in sie eintreten.
Ätherische Türe, manchmal eintritst du in unrightige Orte weil es kein Türklopfer gibt!! So sind die Menschen, wie unsichtbare Wellen die Dunkelheit suchen um von den anderen Menschen zu verstecken. Egal dass jede Welle ihre Weg mit anderen mitteilt. SchlieBlich gibt es nur Gischt. Gischt der Augenblicke. Wir haben immer geglaubt an Blödsinne wie: Das Leben ist wie die Wellen in einer ewige Strömung... und wir haben vergessen dass das Leben ist!!

Ich möchte zu mir schreien: es gibt nichts!! aber ich weiss schon dass noch das Echo Dasein besitzt. Überstehen bedeutet nichts wenn du Gischt bist. Jeden Augenblicke bemerkst du die Kontakt mit dem Fels, die Erosion mit deiner empfindlichen Haut tut weh und alle dein Schmerz ist vergebens... da der See ungeheuerlich ist.

lunes, 24 de agosto de 2009

Magicians of life











ESTRAGON: We always find something, eh Didi, to give us the impression we exist?

VLADIMIR (impatiently): Yes yes, we're magicians

lunes, 3 de agosto de 2009

Helen













A la memoria de Luisa Helen Frey.
No he podido escribir nada hasta ahora. El dolor me dejaba vacío por dentro: aspiraba cada partícula de mí y, en lugar de expulsarla, la dejaba retenida esperando algo que ya nunca iba a llegar. Así fueron pasando los meses; el dolor llegaba en oleadas de muy diferentes tipos, erosionando la parte de mí que se fue contigo, puliéndola. Has sido la primera persona que he querido que se ha marchado. Hay demasiadas palabras que servirían para describirte a alguien que no te conociera. Las palabras generosidad, bondad, amistad, comprensión dejan de ser palabras que describen conceptos para fundirse en ti. Más allá de todas las palabras y de todas las definiciones, existe tu recuerdo, que en lugar de diluirse resurge con fuerza en las cosas más insospechadas. Ahora, cada vez que veo un rayo de luz, uno solo que parece separarse de los demás para convertirse en algo singular, único, pienso en ti. Eso no está al alcance de casi nadie. Hasta siempre amiga.

martes, 30 de diciembre de 2008

Fiebre

Sólo la fiebre nos mueve a escribir. Sólo en la fiebre entendemos que el fantasma que llevamos dentro no es algo oculto, sino lo más claro que tenemos. Lo invisible nos mueve y lo visible nos fija. Atentos a nuestras formas y sin perder de vista el más mínimo detalle de ellas, deambulamos hipnotizados por un hechizo que no es nuestro. Las formas nos van fijando a la vida. Nos dejamos ir, convirtiéndonos en figuras visibles y asimilables. ¡Bienvenida, fiebre! Ocupa ya tu lugar.

"It was a great mistake, my being born a man, I would have been more successful as a seagull or a fish. I will always be a stranger, who never feels at home, who does not want and is not wanted, who can never belong, who must always be a little in love with death!"
Eugene O'Neill's "Long Day's Journey Into Night".

miércoles, 16 de abril de 2008

Hojas rojas para Bernhard





























Idas y venidas a través de Grinzing, población a mitad de camino entre un pueblecito idílico y simple tierra de nadie a las afueras de Viena. Después de preguntar varias veces el camino al cementerio llegaba siempre al mismo lugar. Las indicaciones se repetían mecánicas: pasada la iglesia a la izquierda.

La calle era empinada y la acera estrecha, y me parecía ser la única persona que se movía de todo el pueblo, quizá porque no sabía adónde iba. El viento, cortante y frío me devolvía hacia abajo, cuando pasada la iglesia no encontraba ningún camino a la izquierda. Las paredes de las casas se me acercaban cada vez más. Si sigo sin encontrar el camino las paredes acabaran tragándose el resto de acera que queda, y con ello también yo desapareceré, pensé. Madrid 1981-Pared de Grinzing camino del cementerio 2007. Completamente lógico. Lo ilógico sería bajar y subir la calle eternamente, preguntando periódicamente por el cementerio y recibiendo las mismas indicaciones, ya que si algo tenía claro es que quería llegar.

En una de estas bajadas y superando un envite de la pared que ya veía cercana su presa, tropecé con algo. Al girar vi que era una rueda de bici que sobresalía de un pequeño callejón que se ensanchaba a lo lejos y que por supuesto lo había pasado por alto. No era exactamente pasada la iglesia pero había que probar algo. La cuesta era más empinada aún, y la fui subiendo trabajosamente. Iba llegando al final, el viento soplaba con fuerza y se agarraba a la garganta. Todo era gris y estaba en Grinzing, casi que no hace falta decir más. De repente, me acordé del lema de Bernhard en "El sótano": Immer in die entgegengesetzte Richtung- Siempre en la dirección opuesta.

Alcé la vista y vi algo brillar. Los últimos rayos de sol pasaban a través del callejón y parecían detenerse en unas hojas rojas que crecían junto a un muro. A punto de morir y dejarse caer en cualquier golpe de viento resplandecían, ofreciendo al mundo el fulgor de una belleza tardía, que sólo es plena en el umbral entre dos mundos. Cogí una que ya estaba desprendida sin saber por qué y me entretuve mirándola el resto del camino. Llena de imperfecciones había llegado a ser perfecta. Otra cuesta me condujo al cementerio y allí pude ver los puestos de flores alineados junto a la entrada. Deambulé por el cementerio solitario un tiempo impreciso sin encontrarme a ninguna persona.

Cuando ya había tomado la decisión de desandar el camino y preguntar a la vendedora de flores dónde estaba la tumba, un ruido a mis espaldas me sobresaltó. Ante mis ojos, una especie de tractor en miniatura lograba abrise paso por un sendero diminuto y desdibujado por el tiempo. Lo conducía un hombre de mejillas sonrosadas que se afanaba cambiando marchas para salvar la pendiente y poder llevar el cargamento de tierra a su destino. Cuando llegó a mi altura le pregunté educadamente si me podía decir en dónde estaba la tumba de Bernhard. Me respondió que lo siguiera ya que iba a pasar por allí. Así empezo una pequeña comitiva encabezada por el mini-tractor, el amable hombre de campo de mejillas sonrosadas y yo. La máquina ronroneaba llevando un ritmo lento pero seguro, heredero de tantos días de trabajo sencillo pero feliz.

Dejamos la sección VI, y el hombre me indicó la hilera en la que se encontraba la tumba. Fui pasando tumbas y mausoleos a cada cual más barroco hasta que vi a lo lejos un montón de tierra cubierto con cientos de hojas. La tumba más sencilla del cementerio. Tierra y hojas, y una inscripción semi-escondida con dos palabras: Thomas Bernhard. Me la quedé mirando un buen rato. Solo en tierra extraña, ante alguien que me había enseñado que hay que mirar para pensar y no al revés, que la vida no tiene sentido pero quizá sí tu vida, que siempre hay que ir en la dirección opuesta, ir al bosque, adentrarse profundamente en el bosque, confiarse totalmente al bosque. Bosque, monte alto, tala, de eso se ha tratado siempre.
Mirando hacia abajo me di cuenta de que agarraba la hoja roja con mi mano. No me había dado cuenta de que aún la llevaba desde que crucé la entrada. Entre cientos de hojas verdes deposité la hoja roja justo en el medio de la tumba. La hoja había encontrado su lugar en el mundo. Yo me alejé de allí, un poco más cerca de él.

jueves, 1 de noviembre de 2007

Abschiedparty.

Sintiéndome por primera vez en la vida Mrs Dalloway: anfitriona deseosa de que todo salga bien en su fiesta y que intenta controlar su tarta, en mi caso dos tortillas de patata, para poder controlar algo en su vida, esperaba a mis invitados para despedirme de cuatro meses en Berlín.
Con todo ya preparado, sonando un acertado "Wish you were here" de fondo, no podía parar de moverme. Intenté leer o escribir, pero todo era propiedad de la tensa espera que me exigía algo que ya no estaba allí. Todo estaba relacionado, pensaba mientras la espera me llevaba como una grúa descontrolada de habitación en habitación. Cocción de patatas, fuego lento, maduración de la amistad. Intento de control del fuego, apagón, vuelta a encender, desarrollo de la misma. Resultado desigual en muchos casos, siempre merece la pena hacer tu parte y esperar acontecimientos. Llegan los primeros invitados que se expanden a ritmo de timbrazo de telefonillo, y que me obligan a bajar al patio por si se extravían ante la confusa manera alemana de crear y ordenar edificios.
Comienza a correr el alcohol, y el crisol de lenguas y culturas aparece. Se forman dos grupos: el núcleo español y el internacional. Como anfitrión me paseo entre los dos llevando víveres a mi habitación donde hace guardia el núcleo español casi familiar de Berlín, capaz de sobrevivir altas, bajas e inviernos a menos 15.
Presidiéndolo está nada más y nada menos que Jose, un crack del tablero de la vida, y sobre todo un amigo con el que he intentado desentrañar los misterios del mundo, mientras caían estos cuatro meses. Conversaciones sobre dinamismo, chicas, ajedrez, jazz, libros, significado de la vida y lo que nos pasaba cada día jalonan una trayectoria de pura amistad que se fue forjando en un Berlín solitario y desigual, en el que los secretos no existían mientas asistíamos impertérritos al paisaje lunar de Berlín en Agosto. Podían darnos las cuatro de la madrugada que ahí estábamos, en un banco al lado del videoclub sin ninguna gana de volver a casa. Con mil teorías por acabar, cada una un fino hilo de nuestra vida puesta a disposición del futuro del otro, nos marchábamos más completos, más seguros de haber entendido algo, más amigos. Pasando la mitad de la noche sobrio en el grupo internacional y acabándola ebrio en el español nos encontramos con Charlo. Como buen actor tiene la facultad de parar el tiempo y de que la gente se concentre en su gesto, en el espacio recién ocupado por él, que expresa más de lo que se ve, de lo que hay. En un momento de la noche, miré a la derecha sin saber por qué y ahí estaba él, subido a una silla gritando: Was ist theater?(¿Qué es el teatro?) mientras entreabría las manos colocándolas a cierta distancia. La gente me preguntó qué hace, qué significa lo de las manos. Simplemente la distancia entre el público y la representación además de su relación. La base del teatro, y la base de él mismo desde que lo conocí y que sólo después de muchas cervezas, obras de teatro y confesiones en el Mauer Park, baile surrealista y simbólico incluido- en el borde de un círculo que resultaba ser la pista de baile, ni dentro ni fuera- pude entender de verdad. Como creo que él también me entendió.
La fiesta fue acabando poco a poco, y los lugares en donde había personas eran ocupados por botellas vacías. Si cierro los ojos sólo hay personas. Javi.

domingo, 14 de octubre de 2007

La loca y el inglés

En mi barrio hay una loca. Siempre se la ve paseando a ritmo de marcha militar mientras a gritos insulta a los peatones con lindezas como nazi, estirado, penner(una combinación alemana entre mendigo y gilipollas) y sus respectivas variantes y combinaciones.
Tiene que pasar bastante tiempo para que te des cuenta de que es inofensiva y que lo más que puede pasar es que del susto se te caigan las bolsas del super.
Hace unos días mientras salía de casa me llevé una sorpresa al verla parada delante de un portal.
Siempre que la veo realizo sin querer la estrategia del erizo: bajo la cabeza, reduzco espacio de movilidad e intento que la calle se expanda ante mi mirada para lograr que el límite de las cosas no me imponga existencia. Por esta vez pasé inadvertido.
Mientras pasaba entre el portal y ella logré escuchar esta conversación entre ella y un tío de unos treinta años, con pintas de pijo post-universitario.

Loca apoyada en un coche, fuera.
Tío dentro del portal, esperando.

LOCA: Leave the door open (Deja la puerta abierta)
TÍO: Was? (¿qué?)
Loca: Leave the door ajar (Deja la puerta entornada)
Tío: Was? (¿Qué?)
Loca: Open!! (Abierta!)
Tío: Entschuldigung, ich spreche kein französisch. (Lo siento. No hablo francés)
Loca: (prorrumpe en carcajadas)

Sigo mi camino. Quedan veinte pasos para llegar a la esquina. Cuando al fin llego se siguen escuchando las carcajadas de la loca, que con su pensamiento oblicuo y su eterno chándal gris ha dejado de gritar para reír.
La sociedad y su nueva punta de lanza retroceden y se pierden en la oscuridad del portal. Y en mis oídos resuena la risa roja de la loca, y todo suena a gran verdad.