martes, 17 de abril de 2007

Gombrowicz. Diario


Tras mi lectura del diario de Kafka y no pudiendo resistir más el hambre de encuentro postergado, me lancé ante el único ejemplar que quedaba en La Casa del Libro del diario de Gombrowicz y, sin reparar en gastos- Gombrowicz no lo permitiría- me hice con él.
No puede haber dos diarios más diferentes en su enfoque hacia el público. Gombrowicz lo estructuró en capítulos para que cada uno de ellos fuera publicado en la revista Kultura. En el caso de Kafka si mandó quemar su obra.. ¡Imagínense su diario! La escritura en el diario de Kafka es reconcentrada, telegráfica, cuidando no salirse de las esquinas de su mundo para así ser él mismo en ella. La de Gombrowicz se abre al mundo, desbordante y deseosa de explicar al mundo de individuo a individuo qué es el arte, qué es Polonia y quién es él, para ya de paso entenderlo él mismo.

Él desea el contacto, Kafka lo rehúye. Este Gombrowicz combativo, inconformista, ácido hasta decir basta, eterno niño que ante el lenguaje no se harta de jugar es un modelo a seguir para todos los que son como Gregorio en "El pato salvaje": el número trece a la mesa. La piedra en un zapato que no termina de encajar en él y no un zapato con una piedra que hay que sacar.
Su juego se convierte entonces en el de un niño al que al quitarle la pelota, se enrabieta y lucha contra su entorno para luego crearse su propia pelota y molestar mientras juega. Luchando contra la estructura rígida de las palabras secuestradas por la crítica y por el orden, él impone su nuevo juego, su nuevo lenguaje con la inmadurez como bandera de la libertad. ¿Quién se puede resistir a esto? Me voy a jugar.

1 comentario:

lf dijo...

¿Ya no quedan más? ¿Y dónde voy a conseguir el mío? Gran final por cierto.