jueves, 21 de abril de 2011

A ciegas: autobiografía sin pudor

Cuando era un estudiante de primero de económicas y sabía que no quería estar ahí, me refugié en la literatura sin brújulas ni guías. Apenas pasaba por la facultad y me iba a la biblioteca de al lado de mi casa a leer. La disciplina que seguía era férrea: un libro al día si bajaba de las trescientas o cuatrocientas páginas, o en su lugar dos novelas cortas o la mitad de un clásico decimonónico. La jornada empezaba a las diez y terminaba a las ocho. Fue una solución completamente lógica al muro que se empezaba a construir a mi alrededor: una planta enredadera por la que trepar a las alturas con el corazón encogido y la mirada puesta en el suelo.

La solución de mis padres de tirar por la calle de en medio, tras mi ilógico abandono de matemáticas,(siempre me han encantado), me condujo a una carrera que odiaba. Mi conversión en una Matilda de dieciocho años chocó con el mundo con estrépito de cristales. El mundo es una apisonadora y las bibliotecas son no-lugares: cementerios de mentes a los que se va a llorar y a ocultar la desgracia de la vida. El verdadero lector no escribe nada, porque ni siquiera sabe cómo rellenar la cuartilla de su vida. Es un fantasma: no ensucia nada de lo que toca ni se arriesga a entrar en el juego. Se contenta con trepar con los ojos cerrados y pensar que, cuando los abra de nuevo, todo va a ser diferente. Aun así, hay una chispa que todo lector de verdad tiene.

Al mirar atrás, la veo en los ojos febriles de un chico de dieciocho años, al que no le importaba tener los ojos cansados, o que ya fuera la hora de volver a casa a fingir un día normal de estudio y de sociabilidad. A diferencia de Matilda yo trituraba los libros, los asfixiaba con mis lecturas insaciables y creía poder acorralarlos en un rincón, llamarlos súbditos y sentirme rey de mi pequeña ínsula de fantasía. Los días se llamaban Los demonios, Guerra y paz, Rojo y Negro, La taberna errante...

¿Continuará?

4 comentarios:

anacoluta dijo...

http://www.youtube.com/watch?v=RTVCvws7AYA&feature=related

Anónimo dijo...

http://www.youtube.com/watch?v=RTVCvws7AYA&feature=related

Rosalía R. dijo...

"El verdadero lector no escribe nada, porque ni siquiera sabe cómo rellenar la cuartilla de su vida. Es un fantasma: no ensucia nada de lo que toca ni se arriesga a entrar en el juego. Se contenta con trepar con los ojos cerrados y pensar que, cuando los abra de nuevo, todo va a ser diferente. "

Amén,borgiano.

Anónimo dijo...

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