miércoles, 5 de septiembre de 2007

Bohemia(III)

Entramos casi los primeros y la representación ya ha empezado. Esto de entrar "in media res" es curioso. El escenario es muy sencillo, una mesa tipo escritorio, gramófonos, un potro de gimnasio, una radio, fotos por el suelo y un actor. Nada de esto cambiará hasta el final. El actor en calzoncillos y camiseta hace el mismo ejercicio físico animado por una voz monótona. Hora y diez minutos después termina.
Salimos un poco impresionados por la adaptación y por lo bueno que es el actor en particular y lo buenos que son los actores de teatro en Berlín en general. Estamos en proceso de asimilación, nos dirigimos al bar. Dos cervezas después. Sensaciones: un poco más animado, con un poco más de hambre y con un conocimiento vago de lo que Charlo me está contando. Algo de una chica a la que invitó a ir a la filarmónica, ya que ella le dijo anteriormente que le encantaba la música clásica. Me he enterado de la primera parte. Charlo lo repite todo, me enteró de la segunda: fueron a un bar en el que ponían música clásica y ella dijo que le aburría ése tipo de música. Los movimientos teatrales de Charlo se funden con la historia, se mimetizan con el local en un juego de luces y sombras en el que no hace falta decir paradoja.
Le pregunto su opinión sobre la obra. Me dice que la obra trata del viaje de vuelta a la tripa de nuestra madre. Me despierto. Se explica: Jakob quiere fundirse en la nada, ahogarse en su propia insignificancia, no progresar, no ser. Quiere cambiar el curso de la naturaleza desde la inacción, desde la destrucción de su identidad, de su orgullo. Quiere ir en ladirección opuesta.
Pienso en español, es un "apátrida de las almas". ¿Un alma-apátrida? ¿un almapátrida? Vamos Real Academia de la Lengua Española, afloja un poco. Entro en la conversación con un reguero de "pequeñas almas-apátridas" en alemán, todas ellas deseosas de formar una cadena de significado, luz hecha colores reflejados en varios prismas de lenguas de direcciones insospechadas.
Jakob es también un rebelde, alguien que como Bernhard tiene el mensaje de "siempre en la dirección opuesta", salvo que Bernhard está harto de romper cristales, de probar su flexibilidad ante los golpes de la vida, de los demás, de sí mismo... Charlo lo menciona: en realidad es un juego de espejos, una vuelta a lo mismo pero que siempre trae renovación, vida. Forzar la naturaleza a través de no ser, romper la campana de cristal desde fuera, volver al vientre de nuestra madre...

1 comentario:

lf dijo...

Me pronuncio a favor de la inclusión del término "almapátrida" en los Reales Diccionarios de las diversas lenguas del mundo.lf.